Capitán y nave espacial se conocían a la perfección. Piloto y ordenador llevaban tanto tiempo navegando juntos que se entendían sin mediar palabra. La compenetración era tal que su fama se había extendido más allá de la galaxia. Por eso, cuando el Cuartel General mandó instalar en todas las naves el MRT, Motor de Reconocimiento Telepático, ni capitan ni nave podían imaginar que sería la causa de su ruptura. Que meses más tarde, el ordenador de abordo, celoso por las atenciónes que el MRT prestaría al capitán, dejaría de hablar al piloto.
monólogo
He dejado de hablarme. Hasta que no aprenda a tratarme como me merezco no voy a volver a dirigirme la palabra. Ahora cuando quiero hacer algo, le digo al primero que se me cruza que me diga lo que quiero hacer. Y entonces, y solo entonces, voy y lo hago.
futuro
Dentro de 30 años, una tarde recordarás haber leído este cuento sin sospechar que el autor murió en el justo momento en que leías este punto.
herencia
Me ha cambiado la voz y ahora hablo como mi padre. Pero lo peor no es que ahora me diga las mismas cosas que me decía mi padre; lo peor es que ahora me hago sus mismos chistes malos y encima me hacen gracia.
s. o. s. galáctico
Desde hace unos días la nave no me hace caso. El ordenador central ha decidido ignorarme. Si ordeno izar el tren de aterrizaje, decide ventilar las escotillas. Si ordeno pasar al hiperespacio, él despresuriza las cámaras de hibernación. Pero noto que no lo hace para llevarme la contraria, no; veo que lo hace siguiendo una lógica. Solo que no es la mía. Como si en vez de a mis órdenes respondiera a los de otro piloto. Si por casualidad ese piloto está leyendo esto, le ruego ordene a mi nave que de media vuelta. Que después de más de seis meses viajando, ya me merezco un descanso.
s. o. s.
Desde hace unos días mi cuerpo no me hace caso. Si le ordeno levantar un brazo, coge algo con la mano. Si le ordeno andar, flexiona las rodillas. Pero noto que no lo hace para llevarme la contraria, no; veo que lo hace siguiendo una lógica. Solo que no es la mía. Como si en vez de a mis órdenes respondiera a los de otra persona. Si por casualidad esa persona está leyendo esto, le ruego ordene a mi cuerpo que se esté quieto. Que después de más de cuatro horas de bailar sin parar, estoy agotado.
lavavajillas
Mi sistema nervioso central está en un error. Está empeñado en chutarme endorfinas y oxitocinas cada vez que pongo el friegaplatos. Cree que si me genera esa dulce sensación de bienestar que es el enamoramiento voy a sentirme atraído hacia el electrodoméstico; que si me produce esas agradables palpitaciones que anticipan el deseo voy a dar mi brazo a torcer. Pero se equivoca. Yo jamás dejaré al microondas.
mi vida
Hoy he decidido suplantarme a mi mismo. Me voy a secuestrar y encerrarme en un sótano. Y mientras tanto me voy a teñir el pelo de mi color, a peinarme como yo y a vestirme como yo. Incluso he estado practicando para hablar como yo. Con la misma entonación y las mismas inflexiones. Voy a vivir mi vida hasta que decida liberarme. O hasta que consiga escaparme de mi encierro y me denuncie a la policía.
equilibrio
Esta mañana me he levantado torcido. Cabreado con el mundo. Con todo el mundo. Así que he cogido un rotulador de punta gorda y he dibujado una línea para dividir la tierra. A un lado, quedarían todos los gilipollas, que son legión; al otro, los cretinos, osea, el resto. La línea me ha quedado estupenda. Recta, elegante, sobria. Eso sí, quizá la punta del rotulador no fuera lo suficientemente gorda. Porque desde que la he trazado estoy intentando mantener el equilibrio y no caer en en ninguno de los dos lados.
despedidas
Me paso la vida escuchando despedidas. Que me cruzo con alguien, se despide de mi. Que saludo a alguien, se despide de mi. Que detengo a alguien para contarle algo, se despide de mi. Seguramente soy la persona de la que más veces se han despedido en su vida. Y más rápido. Es como si mi tiempo, mi turno se hubiera pasado antes de haber comenzado. Soy un hombre caducado.
el hombre desmontable
Primero ha sido el pelo. Casi todo el pelo. Luego, un ojo. Le siguió la ceja. Una oreja. Un pecho. Y ahora un omoplato. De repente, me estoy desmontado. Me estoy cayendo a cachos. Me pregunto si cuando todas las piezas estén en el suelo, volveré a ensamblarme. Y si volveré a ensamblarme en el mismo.
cuatro, cinco, fies y seis
Antes, entre el 5 y el 6 había otro número. El §, leído "fies", servía para expresar una cantidad intermedia y equidistante entre el 5 y el 6. Sobre el porqué de su desaparición hay muchas teorías. Más estrambóticas, como que los humanos antes teníamos un dedo más en una mano y que al perderlo perdimos el número. O más racionales, como que nada en el universo posee una magnitud fies y para qué conservar un número que no cuenta nada.
divorcio
Hoy mi mano derecha ha decidido que no es mía. Que necesita un descanso. Al principio se ha limitado a señalar por ahí, luego, más osada, ha empezado a coger cosas y, más tarde, se ha puesto cariñosa conmigo haciéndome caricias y tirándome pellizcos. Incluso ha intentado meterme mano. La cosa es que ahora me está empezando a gustar y no sé si quiero que vuelva conmigo.
milicia
Como todos los días, esta mañana el sargento nos han repartido los sobres con las órdenes a cada uno de los soldados. La mía era escueta, simplemente decía "Desobedezca toda orden". No había terminado de leerla y ya sabía que acabaría el día en el calabozo.
